Muchas veces, a los diseñadores nos gusta demostrar nuestras capacidades. Hacer alarde de lo que sabemos hacer: interfaces complejas, animaciones creativas, microinteracciones en cada esquina, un efecto parallax por aquí, otro por allá.
Y sí, es verdad, muchas veces estos recursos pueden aportar valor. Por ejemplo, una microinteracción puede hacer que una interfaz se sienta más cuidada y una experiencia visual bien planteada puede transmitir una sensación de mayor calidad.
Porque, seamos sinceros, diseñar algo espectacular es mucho más divertido que diseñar algo sencillo.
Una web estática puede parecer aburrida en un mundo en el que estamos constantemente rodeados de estímulos. Cuando tenemos a nuestra disposición animaciones, transiciones, efectos 3D y todo tipo de recursos visuales, es difícil resistirse a utilizarlos.
Pero hay algo más importante que debemos preguntarnos antes de sentarnos a diseñar:
Imaginemos que un cliente nos pide que diseñemos una página web.
Hoy en día, tenemos un amplio abanico de herramientas y constructores entre los que elegir, cada uno con sus precios, características, ventajas y desventajas. Por lo general, cuanto más potente y flexible es la herramienta, más posibilidades creativas nos ofrece.
Y con la herramienta más cara, probablemente podamos hacer una web espectacular. Una de esas que podrían aparecer en Awwwards y que nos encanta ver y enseñar.
Pero el cliente seguramente no nos haya contratado para ganar un premio. Nos ha contratado para resolver una necesidad que tiene.
Y esa es una cuestión que no debemos olvidar.
De nada sirve que seas capaz de crear las animaciones más increíbles del mundo si, para resolver su problema, no las necesita.
A lo mejor necesita una web sencilla que rinda bien, y añadirle estos elementos puede afectar a este aspecto. A lo mejor necesita una web que pueda actualizar de forma sencilla y cómoda, sin tener que pedir ayuda externa. O puede que simplemente se encuentre en una situación económica que no le permita afrontar el coste de una de estas tecnologías y necesite una más básica pero funcional.
Una solución puede ser brillante, un despliegue de las capacidades del diseñador y, aun así, ser una mala solución porque no has entendido su situación.
Hay algo en lo que no mucha gente piensa: ¿después de que tú diseñes la web, quién la va a gestionar?
Es posible que diseñes algo muy complejo que, una vez entregado, resulte difícil y poco flexible para el equipo que se encargue de mantenerlo.
Por ello, como diseñadores, es importante olvidarnos de nuestro ego, hacer todas las preguntas de contexto necesarias para entender al cliente y a su negocio y, por supuesto, pensar en el usuario final.
Es una pregunta que es importante que te plantees.
En el arte puedes hacer cualquier virguería. No tienes por qué responder a una necesidad concreta ni solucionar un problema determinado. Puedes experimentar, explorar y crear simplemente porque quieres hacerlo.
Pero en el diseño es diferente.
El diseño responde a problemas. El diseño de experiencia de usuario busca crear soluciones cómodas, comprensibles y fáciles de utilizar.
El otro día, buscando referencias, encontré la página de PEAR, nominada en Awwwards. Es una página espectacular, un despliegue de las capacidades que tiene la agencia.
Pero, desde el punto de vista del usuario, me resulta incómoda. Es como pasar rápidamente las páginas de un flipbook para poder ver la animación que se esconde entre ellas. Tienes que mantener un ritmo de scroll constante para que la experiencia funcione y, si dejas de hacerlo, prácticamente se rompe.
¿Pero y si el usuario no puede mantener ese ritmo? ¿Y si tiene algún problema de movilidad? o puede que simplemente no quiera estar haciendo scroll constantemente.
La animación puede ser espectacular, pero si para disfrutarla obligamos al usuario a interactuar de una determinada manera, ¿estamos realmente mejorando la experiencia?
Quizás sea un caso un poco especial y deberíamos cogerlo con pinzas, ya que se trata de una agencia y, en cierto modo, necesita demostrar de lo que es capaz.
Pero ahí está precisamente la diferencia.
Una agencia puede necesitar enseñar hasta dónde puede llegar. Puede necesitar experimentar, sorprender y demostrar sus capacidades en su web. Y recalco EN SU WEB.
Pero si eres diseñador de experiencia de usuario, no debes dejarte llevar por tu ego.
No diseñes pensando en cómo quedará el proyecto en tu portfolio.
Diseña pensando en si es la solución que realmente necesita el proyecto.
No creo que utilizar animaciones, efectos, tecnologías complejas o herramientas avanzadas sea algo malo, desde luego.
Tampoco creo que una solución sencilla sea automáticamente una buena solución.
El problema aparece cuando elegimos una solución porque nos permite demostrar todo lo que sabemos hacer, en lugar de porque sea la solución que mejor encaja con el problema.
Como diseñadores, tenemos que entender que el presupuesto, los recursos, la tecnología disponible, el equipo y la capacidad de mantenimiento también forman parte del contexto del diseño.
Nuestro trabajo no consiste únicamente en crear algo bonito.
Consiste en entender un problema y encontrar una solución que tenga sentido para el negocio y para las personas que van a utilizarla.
Y, para terminar esta entrada, quiero dejaros con una reflexión de Kanye West sobre su legado:
“
Hay ego en la memoria, en los recuerdos. ¿Quién diseñó la acera? ¿Quién diseñó la fuente? ¿Quién diseñó la señal de stop? ¿Quién diseñó el semáforo? Estas cosas son tan omnipresentes que se olvida quién las diseñó. Si es una buena idea, es una idea divina, y ningún inversor de capital riesgo puede apropiarse de ella.
”
Quizás ese sea el objetivo real del diseño.
Crear algo tan natural, tan útil y tan bien integrado en la vida de las personas que nadie se pare a pensar quién lo diseñó.
Y quizás, para conseguirlo, tengamos que dejar un poco nuestro ego en la puerta.