La afirmación del título puede parecer una obviedad para las personas que se dedican al UX/UI. Sin embargo, para todas aquellas personas o stakeholders que no están habituados a este ámbito, puede que no lo entiendan.
El diseño de interacción y la experiencia de usuario es una profesión relativamente nueva. Al menos, tal y como la entendemos hoy en día. Es normal que muchas personas ajenas al diseño incluso ni hayan oído hablar de ella, y estoy seguro de que más de uno se ha encontrado en la situación de tener que explicar qué es. Y eso no es un problema en sí; el problema viene cuando las personas que no entienden esto son las encargadas de dirigir y tomar las decisiones finales del producto.
Para poneros en contexto, estaba trabajando en el rediseño de la interfaz de usuario de la plataforma y se me ocurrió eliminar un paso intermedio del flujo que no aportaba nada.
Era un payment gate. Contaba con una primera pantalla donde te enseñaba los métodos de pago. En lugar de seleccionarlos en esa misma pantalla, debías hacer clic en “pagar” y de ahí ibas a una pantalla intermedia donde tenías nuevamente las opciones, pero esta vez sí podías seleccionar cuál querías. Era redundante y no aportaba nada.
Así que, cuando lo rediseñé, suprimí la pantalla intermedia y añadí en la primera los selectores, y posteriormente presenté la propuesta al Pingüino Juan, mi superior.
“Ay, está muy bien. Pero por el momento solo vamos a modificar la UI, no la UX”.
— El Pingüino Juan
Me quedé hecho un cuadro. Entendía a lo que se refería, pero, como lo expresó, demostraba que no entendía bien cómo funciona la experiencia del usuario.
El Pingüino Juan se refería a que no íbamos a modificar el flujo; por tanto, esa pantalla intermedia debía seguir existiendo.
El problema es que él entendía la UI y la UX como dos cosas independientes. Como si la UI fuera simplemente lo que vemos y la UX fuera el flujo que hay detrás.
La experiencia de usuario no es únicamente el flujo. Es el conjunto de elementos y procesos que influyen en cómo el usuario interactúa con el producto. Y como la interfaz es el puente de comunicación entre el usuario y el sistema/producto, modificarla es modificar la experiencia.
Si cambio el color de un botón, puedo hacer que sea más o menos fácil de encontrar. Si cambio su posición, puedo alterar la forma en la que el usuario recorre la pantalla. Si cambio una tipografía, puedo mejorar o empeorar la legibilidad.
No he cambiado el flujo, pero sí he cambiado la experiencia.
Por eso no tiene demasiado sentido hablar de “cambiar la UI sin cambiar la UX”. Podemos decidir que en un proyecto no vamos a modificar determinados aspectos, como podrían ser el flujo, la arquitectura de la información o la interfaz. Pero cualquier cambio que hagamos en estos tiene el potencial de modificar cómo el usuario experimenta el producto.
Al final, UI forman parte de la UX y trabajan de la mano para crear productos útiles, usables y satisfactorios para las personas.
Quizá el problema no está en que el Pingüino Juan quisiera cambiar solo la UI.
El problema está en pensar que eso significa que la UX no va a cambiar.