Hay algo que la inteligencia artificial ha cambiado para siempre en el diseño: ahora podemos generar opciones a una velocidad que hace unos años parecía imposible.
Una pantalla. Diez versiones. Cincuenta propuestas. Variaciones de colores, layouts, componentes y estilos en cuestión de segundos.
Pero hay una pregunta que deberíamos hacernos antes de empezar a generar:
Hace tiempo, antes de que las IAs generasen pantallas, me encontré con una situación similar que me hizo reflexionar sobre este tema.
Trabajaba como diseñador UX/UI en una empresa que llamaremos “Base Polar_01”.
Base Polar_01 había encargado a una agencia el rediseño de su identidad visual y, dentro de este encargo, ellos debían entregarnos el logo nuevo, el manual de marca, un design system y todo lo habitual en este tipo de proyectos.
La adaptación de la nueva identidad debíamos hacerla desde el equipo interno.
En el equipo de rediseño estábamos el Pingüino Juan y yo, el Pingüino Marcos.
Nos repartimos las pantallas y empezamos a diseñar. Yo me puse con lo mío y, posteriormente, debía juntarme de nuevo con el Pingüino Juan para poner en común lo que habíamos hecho.
Cuando nos juntamos y le enseñé mis pantallas, me dijo algo que me descolocó:
“Está bien, pero… yo normalmente hago 10 versiones diferentes de la misma pantalla y luego ya elijo”.
—El Pingüino Juan
Yo solo había hecho 1 versión por cada pantalla.
Su comentario me dejó perplejo, y con una pregunta y una reflexión que, aunque parecen simples, nunca me había planteado:
La respuesta, al menos para mí, es NO.
Y, además, creo que esta reflexión tiene mucho que ver con el futuro del diseño UX en un mundo en el que la IA puede generar prácticamente cualquier interfaz en cuestión de segundos.
Y ahora te explicaré el porqué.
¿Conoces el teorema del mono infinito? Este teorema dice que:
Si pones a un mono frente a una máquina de escribir y le dejas pulsar teclas al azar durante un tiempo infinito, con probabilidad 1 acabará escribiendo cualquier texto finito que puedas imaginar, incluso una obra completa de Shakespeare.
El problema de hacer 10 versiones, 5 o infinitas, es que no estás entendiendo que buscas resolver. Estás pulsando teclas al azar y esperando que una funcione por aleatoriedad.
Estamos hablando de que, para hacer una interfaz, previamente se ha hecho toda una investigación y, además, en el caso de las interfaces gráficas, partes de unos wireframes ya definidos. Tienes el problema explicado y a su vez la solucón.
Y no niego que puedas ser bueno utilizando Figma, Miro o Adobe XD. Pero el hecho de saber utilizar estas herramientas, no significa que tengas el criterio para entender las necesidades del usuario y ofrecer una solución adecuada.
Si este es tu caso, tu trabajo no dista mucho de lo que hace la IA y, con el tiempo, eso te va a pasar factura, ya que eres una pieza reemplazable.
La IA está haciendo que diseñar sea cada vez más fácil. Precisamente por eso, tener criterio va a ser cada vez más importante.
De ahí la importancia de tener una buena formación que te proporcione las bases necesarias para saber qué es correcto y qué no. Por eso, la interfaz se tiene que entender siempre desde una perspectiva de la experiencia del usuario y no únicamente desde un punto de vista estético.
Y por muchas pantallas bonitas que pueda hacer una IA, si nadie la supervisa y aporta ese criterio, no será más que eso.
Una pantalla bonita.